La pobreza no solo es un problema monetario

José Guillermo Guzmán Segura
Estudiante de 7° semestre de la Licenciatura en Economía

Una de las nuevas formas de ver a la economía y de hacer políticas económicas que dejó el neoliberalismo, es precisamente lo que gira en torno a la pobreza. Este evento social se vuelve motivo de investigación, de medición, calculando sus causas, y prediciendo sus soluciones; sin embargo, el estudio de la pobreza es problemático en sí mismo.

La razón de esto es precisamente la desconcordia en lo que es la pobreza. Señala Sen (1998) que el primer paso es identificar quién es pobre, para después construir un índice de pobreza que use la información oportuna para indicar su nivel de vida actual. Entender qué es la pobreza, y cómo medirla apuntará a sus causas, e idealmente, a sus posibles remedios. 

Para resolver el primer problema señalado por Sen (1998), se ha llegado a la conclusión que la pobreza se entiende como “la carencia de insumos y condiciones para cubrir las propias necesidades básicas (físicas y psíquicas) de manera digna y satisfactoria” (Jaume & Avilés, 2020, p. 6). Por otro lado, Feres & Villatoro (2012) reflexionan que al hablar de pobreza, se encuentran diferentes definiciones indirectas. Estas incluyen a la ‘privación de un estándar de vida socialmente aceptable’, o la ‘falta de capacidades para alcanzar funcionamientos básicos’ e inclusive el ‘no acceso a derechos’ (p. 10). Sin embargo, como se mencionaba previamente, el problema radica en la definición de algo digno, de algo satisfactorio, algo básico

Con tal de medir lo intangible, Sen (1998) recuerda que los estudios de pobreza buscaron indicadores paralelos a la misma que, de empeorar o mejorar las condiciones de vida, tuvieran una relación directa y medible para el estudio. Por ello es que se empieza a definir cuáles serán precisamente estos insumos condiciones que han de hacer falta con tal de vivir en la pobreza. Boltvinik (1991) señala que el bienestar de los hogares proviene de seis fuentes principales: 1) el ingreso corriente, 2) patrimonio familiar, 3) la capacidad de endeudamiento y los activos no básicos, 4) el acceso a bienes y servicios de forma gratuita, 5) el tiempo de ocio disponible y 6) el conocimiento de sus individuos. 

Tal como señala Sen (1998), para que un indicador de pobreza sea eficiente, este deberá cumplir con los Principios de Dalton, es decir, satisfacer tanto al axioma de monotonicidad y al axioma de transferencia. El primero defiende que, ceteris paribus, ante una reducción en el ingreso de una persona por debajo de la línea de pobreza deberá incrementar el indicador de pobreza, mientras que el segundo axioma sostiene que, ceteris paribus, una transferencia del ingreso de una persona que se encuentra por debajo de la línea de pobreza a otra más rica, deberá incrementar el indicador de pobreza.

Todos los indicadores propuestos por Boltvinik (1991), de alguna forma, son características medibles que cambian a lo largo del tiempo. Así mismo, cumplen con los Principios de Dalton. Por ende, pueden indicar si la solución aplicada ha mejorado o no las condiciones de vida. En la práctica, se procura utilizar un número de indicadores que en conjunto puedan señalar la pobreza, de tal forma que la línea de pobreza sea lo más cercana a la realidad, sea cual sea. 

Con ayuda de estos indicadores se pueden encontrar las problemáticas, haciendo inducción inversa. Jaume & Avilés (2020) señalan que la pobreza en México, y el resto de Latinoamérica, proviene de diferentes causas que, en conjunto, agravan las consecuencias de cada una. Encuentran que i) la equivalencia en el ingreso con el salario mínimo, ii) la desigualdad al acceso educativo (que favorece al ingreso superior), iii) la dependencia económica internacional y el imperialismo ideológico en el consumo, iv) la oferta laboral precoz, y, no menos importante, v) la corrupción, son las principales fuentes de la pobreza. Estas son consecuencia del colonialismo, apertura comercial tardía, y acumulación de la riqueza histórica. 

Ornelas Delgado (2006) recuerda que México introdujo una política pública asistencialista a los pobres, los llamados fondos de inversión social. Este impuesto positivo buscaba introducir a los pobres al mercado, una visión neoliberal que se tiene valor humano si se es útil. Sin embargo, a pesar de ser un instrumento aplicado por casi treinta años, los indicadores no presentan incrementos favorables. A pesar de expandir las acciones gubernamentales, Ornelas Delgado (2006) presenta que el Estado sigue intentando suplir las carencias, viéndolo como un problema meramente económico. Y México no es el único país culpable. Brasil, Chile y otros países de Latinoamérica estuvieron por años intentando resolver esta problemática pensando únicamente sobre este eje.

En la actualidad se propone introducir un impuesto negativo al ingreso como respuesta al problema de pobreza; sin embargo, Alberro (2018) encuentra que además del alto costo fiscal que conlleva, no resuelve la problemática de raíz, porque sigue tratando a la pobreza como un problema meramente monetario. Estas distorsiones en el quehacer económico terminan incrementando la brecha en la riqueza, y aumentando el número de personas que viven en la pobreza. 

Para visualizar efectos positivos en los indicadores de pobreza, no basta con pensar en las condiciones monetarias. Jaume & Avilés (2020) proponen que para llegar a cumplir este objetivo, se necesita que el sector que no entra en la pobreza haga un consumo consciente de sus recursos, que comparta sus habilidades y conocimientos, y su excedente en alimentos y herramientas. Y si bien el crecimiento económico juega un rol importante en la disminución de la pobreza, Lobato Martínez (2015) ha encontrado que se requieren elevadas tasas de crecimiento para que una familia pueda salir de la pobreza en al menos dos generaciones.

Con tal de acelerar este proceso, se necesita hacer inclusión social a este sector vulnerable. Analizar las fuentes de bienestar, y encontrar cómo maximizarlas, no enfocarse únicamente en el aspecto tributario. Se tiene que proveer mayor acceso al crédito y educación gratuita, expandir la oferta laboral y la capacitación, nutrir el tiempo de ocio, y proveer canales para alcanzar servicios y bienes esenciales para el desarrollo digno. Tal como se expanden las causas de la pobreza, se tiene que ampliar las soluciones.  

Referencias

Alberro, J. L. (2018). Costo fiscal de erradicar la pobreza extrema en México introduciendo un impuesto negativo al ingreso.

Boltvinik, J. (1991). Métodos de medición de la pobreza. Proyecto Regional para la superación de la pobreza en Argentina.

Feres, J. C., & Villatoro, P. (2012). La viabilidad de erradicar la pobreza: un examen conceptual y metodológico.

Jaume, S., & Aviles, S. (2020). La pobreza en México.

Lobato Martínez, D. (2015). Tiempo de salida de la pobreza en áreas urbanas y rurales de México. Frontera norte, 27(54), 99-121.

Ornelas Delgado, J. (2006). La política de combate a la pobreza en México, 1982-2005. Papeles de población, 12(47), 86-114.

Sen, A. (1998). Un enfoque ordinal para medir la pobreza. Cuadernos de economía, 17(29), 39-65.

Las opiniones aquí vertidas son exclusivas de su autor/autora, y no representan la ideología del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, ni del Consejo Editorial de la Gaceta Económica.

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