La Mercantilización del Cuidado

No es novedad que las trabajadoras del cuidado enfrentan una serie de obstáculos que son estructurales de nuestro modelo socioeconómico, pero ¿cuál será el impacto de la crisis del COVID en su labor?

Pedro Zarpelon y Jocelyn Sepúlveda

Estudiantes de 5to Semestre de Economía

El Trabajo del Cuidado

El cuidado es algo esencial de nuestra sociedad. Sin él, probablemente no hubiésemos logrado sobrevivir y construir estados-naciones, empresas, ni las mismas familias. El trabajo del cuidado es definido amplia, esencial y teleológicamente como aquellas actividades y relaciones que objetivan atender las necesidades físicas, psicológicas y emocionales de todos. Todos necesitan cuidado y apoyo en algún grado, por ende, se entiende como una actividad de reproducción social. 

La actividad de cuidar implica un vínculo de relación entre cuidador y receptor. Éste puede ser directo (cuidar una crianza o un anciano) o indirecto (trabajo doméstico). De la misma manera, puede ser remunerada o no remunerada, siendo la modalidad sin remuneración, en término de número de horas y cantidad de personas, ejercida principalmente por mujeres. La Organización Internacional del Trabajo1 estima que existen en el mundo 2300 millones de trabajadores del cuidado potenciales (1200 millones de mujeres). Aun así, cabe resaltar, que no todos los trabajadores potenciales ejercen la labor de cuidados. El rol social depende mucho de la estructura cultural. Por ejemplo, en África, la mayoría de las trabajadoras de cuidado tienen entre 15 y 54 años y pertenecen a grupos sociales vulnerables y de baja escolaridad, en algunos casos ejerciendo la actividad para su familia, en otros casos a cambio de una remuneración informal u otro beneficio. En regiones de alto ingreso, el cuidado suele ser ejercido por mujeres de 25 a 54 años, madres solteras, que cuentan con algún apoyo de políticas de cuidado y un empleo remunerado formal de medio tiempo. Estas diferenciaciones generan efectos prácticos en la vida de aquellas que se dedican al cuidado.

Capital versus Cuidado

La estructuración social que condiciona la labor del cuidado no remunerado (precarizado) a cierto grupo social, genera vivencias prácticas e individualizadas. El trabajo desigual y considerable, ejercido por mujeres de grupos sociales desfavorecidos, limita su inserción al mercado laboral formal, sea esto debido a su disponibilidad o a la baja calidad de los empleos disponibles para ellas. Adicionalmente, existe una incapacidad del Estado y del mercado de ofrecer cuidados accesibles, asequibles y de calidad para todos. Se genera así un ciclo de precarización en el que se trabaja sin reconocimiento y beneficio, se dan brechas de género en el ingreso, en los ahorros y en el poder. Existe una perpetuación de los trabajadores del cuidado a una jornada doble debido a la falta de seguridad y a la inamovilidad social.

Es intrigante como una actividad esencial para el mantenimiento de la vida humana, como lo es el cuidado, puede servir de base para la reproducción social y, por ende, del Estado y del mercado. Pero, a la vez, es una actividad mercantilizada y precarizada, lo que genera una clara contradicción entre capital y cuidado. El capital depende del cuidado para existir, pues es la manera de reproducción social, pero al estar mercantilizado para unos grupos y precarizado para otros, se marginaliza e invisibiliza.

Al respecto, Nancy Fraser2, teórica feminista estadunidense, teoriza sobre la “crisis del cuidado”, la cual es una dimensión dentro del panorama de crisis general que se asocia específicamente con los aspectos de reproducción social. Se argumenta que el sistema capitalista depende de la actividad socio-reproductiva, que permite la formación del ser, para que se lleve a cabo la actividad productiva. Gran parte del trabajo de cuidados se desarrolla fuera del mercado, por mujeres, en la esfera doméstica, en donde la actividad por su cualidad subjetiva, impide un pago más allá de la virtud, bajo un sistema en el que el dinero es visto como símbolo de poder. Es entonces que la producción y reproducción se conectan en una relación dependiente, al mismo tiempo que se limitan y subyugan. No puede desarrollarse la actividad económica de producción, sin la labor socio-reproductiva no asalariada y aún así invisibilizada. La desigualdad económica y la globalización transformaron la idea de la familia, que en este mundo moderno, depende de los ingresos y del siempre escaso recurso del tiempo para subsistir, lo que lleva finalmente a privatizar el cuidado para quienes pueden pagarlo.

El Escenario de COVID y El Futuro

No es novedad que las trabajadoras del cuidado enfrentan una serie de obstáculos que son estructurales de nuestro modelo socioeconómico, pero ¿cuál será el impacto de la crisis del COVID en su labor?

Un aspecto a destacar sobre las diferencias entre las actividades de reproducción social y las de producción, es que las primeras nunca paran. Mientras el mundo debatía qué actividad productiva debía continuar y cuál suspender temporalmente, el cuidado siguió siendo incondicional. La activista italiana Silvia Federici3 analiza la situación actual evidenciando la invisibilidad del cuidado: “Se habla ahora de los servicios esenciales y nunca se dice que el trabajo doméstico es el servicio más esencial que hay porque cada día reproduce la vida. Reproducir la vida tiene muchos elementos, no es solamente limpiar, cocinar, llevar a los niños al parque, es todo un trabajo emocional”. 

El trabajo del cuidado no es solo una actividad muy invisibilizada por su falta de remuneración, sino que en los pocos casos en los que se remunera, es bajo la economía informal y sin garantías básicas a los derechos laborales4. En este punto no hay manera de analizar información precisa sobre el impacto que ha experimentado la economía informal del cuidado, pero se puede inferir que sus condiciones preexistentes se agravaron en los últimos meses. Al no contar con las garantías de la inherente esencialidad de su labor, su papel se subyuga a la lenta reactivación de las actividades productivas, formales y remuneradas de sus empleadores. Por otro lado, aquellas que sí lograron mantener su trabajo se arriesgaron y siguen arriesgándose en camiones, casas y calles que no le dan la seguridad ni la dignidad de su cuidado.

Aun así, podemos observar de manera manifiesta cómo somos dependientes de las trabajadoras del cuidado. Por lo que se puede pensar que tal vez el escenario posterior a nuestro calvario de 2020 sea de reflexión y valorización de lo que garantiza nuestra reproducción social, el cuidado. De otra manera, seguiremos en nuestra indiferencia, preocupados por la reactivación de la economía, sin preocuparnos por ayudar a quienes nos cuidan, como niños que ensucian el piso de tierra con sus pasos apresurados, después de trapear.

Las opiniones aquí expresadas son exclusivas de su autor/autora y no representan la ideología del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del mismo, el Departamento de Economía, así como a la Sociedad de Alumnos de Licenciado en Economía.

Crédito de la imagen:                                           

< https://pixabay.com/pt/illustrations/lado-a-lado-cuidado-de-crian%C3%A7as-2070764/&gt; de truthseeker08

Referencias y notas:

¹ https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—gender/documents/publication/wcms_737394.pdf

2https://newleftreview.org/issues/II100/articles/nancy-fraser-contradictions-of-capital-and-care

3 https://www.efeminista.com/silvia-federici-trabajo-cuidados/4https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Trabajadoras-domesticas-entre-el-Covid-19-y-unos-derechos-que-no-les-llegan-20200722-0012.html

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