El olvido de la agricultura

Las políticas públicas y la globalización han alejado de la realidad cualquier idea de la soberanía agrícola (…) La privatización de un sector público, el pago con transferencias mal diseñadas y los levantamientos de campesinos en el sur del país como síntomas de un problema estructural, hablan por sí mismos.

José Guillermo Guzmán Segura
Estudiante de 8° semestre de la Licenciatura en Economía

La agricultura es una pieza clave en el desarrollo de una economía que en México ha sido violentada en el pasado. Mochi Alemán (2019) destaca que la agricultura familiar es inherente a la conformación histórica del hogar y del desarrollo social. Ha estado presente desde los inicios de una nación. Es parte de la cohesión de la comunidad y es necesaria para crear vínculos fraternos. Asimismo, juega un rol importante como herramienta del desarrollo económico y se presta al intercambio de bienes y materiales relacionados con su cultivo. Sin embargo, con la volátil política pública mexicana, cambiante con cada sexenio, esta piedra angular se ha venido olvidando. Es crucial comprender la importancia de la agricultura para reflexionar cómo fue dejada de lado y saber cómo actuar en el futuro.

La agricultura es fundamental para el desarrollo de la comunidad. Dicta Mochi Alemán (2019) que la agricultura “se vincula con el tema del arraigo, el cuidado del consumidor y el establecimiento de relaciones productor-consumidor, con la construcción de mercados laborales (…), de comercio responsable, comercio justo” (p. 31). Todas estas características forman parte de los principios de equidad que el libre mercado requiere para su funcionamiento. El Banco Mundial (2008) sostiene que este sector al “trabajar en coordinación con otros sectores [puede] generar mayor crecimiento, reducir la pobreza y lograr la sostenibilidad del medio ambiente” (p. 138). Por su parte, Gómez-Olíver (1995) rescata que posterior a la Revolución Mexicana, la tasa de crecimiento de la agricultura mexicana era semejante a la de la economía en su conjunto, pero que con el pasar de los años y a pesar del crecimiento, representaba un menor porcentaje en el Producto Interno Bruto de México.

Es decir, a pesar de ser fundamental para el empuje económico, conforme se facilita el desarrollo del país, el sector va perdiendo importancia productiva. Esto se refleja en que no requiere gran inversión inicial, sino el conocimiento que ha sido heredado y un factor de producción que al inicio no tiene grandes barreras de entrada: la tierra. Conforme la economía se desarrolla, nuevas oportunidades van surgiendo y se busca una nueva gestión de los recursos escasos. La agricultura se presenta como una “herramienta singular” para el desarrollo del país, tal como lo describe el Banco Mundial (2008), puesto que “contribuye al desarrollo en su calidad de actividad económica, como medio de subsistencia y como proveedora de servicios ambientales” (p. 138). Esto no quiere decir que la zona agrícola dejará de existir, ya que una característica de los países desarrollados es que, a pesar de vivir un proceso de urbanización, en ellos siguen prevaleciendo regiones agrícolas. El Banco Mundial (2008) señala a Chiapas en el caso mexicano.

Hablar de agricultura es hablar de dos pilares importantes: su origen y su uso. Al hablar del uso nos referimos a su utilización como proveedor de energía, de nutrientes, para todos los seres humanos. No es cultivar para desechar, sino cultivar para ser consumido. Y desde una perspectiva neoliberal del estudio de la pobreza, surge la llamada seguridad alimentaria. Si bien tiene su origen tras la Segunda Guerra Mundial, Almeida Filho y Scholz (2008) señalan que en Latinoamérica tomará importancia décadas después. Para Urquía-Fernández (2014), la seguridad alimentaria prevalece cuando todos los miembros de un grupo, en todo momento, tienen acceso físico y económico a los alimentos suficientes y nutritivos para satisfacer sus propias necesidades, tal que los conduzcan a vivir una vida sana y activa. Urquía-Fernández (2014) sostiene que la seguridad alimentaria se debe abordar desde la disponibilidad de los alimentos, su acceso, uso y estabilidad de la oferta, pero que en un país como México, la obesidad y la desnutrición son dos perspectivas lamentables que también entran en juego.

Cuando nos referimos a su origen, es preferible enfocarse en quién crea la agricultura, quién decide qué cosechar, cuándo, cómo, dónde y para qué. He ahí la soberanía agrícola, el derecho individual o grupal a decidir por la propia agricultura, tal como lo describen Almeida Filho y Scholz (2008). Para ello se necesita varias herramientas: la protección de recursos naturales; la tierra como factor indispensable; pensar en la alimentación primero como una necesidad y después como un negocio; el control democrático de la democracia; la paz entre los grupos de interés, y saciar el hambre. Esto último concuerda con lo discutido anteriormente.

Asimismo, ambos pilares tienen carencias. Urquía-Fernández (2014) propone que la seguridad alimentaria es deficiente, no por el lado de la oferta (esta sobrepasa la demanda), sino por la falta de acceso económico y físico a esta. Hay oportunidades heterogéneas entre todas y todos los mexicanos. Por su parte, las políticas públicas y la globalización han alejado de la realidad cualquier idea de la soberanía agrícola. Gómez-Trujillo et al.  (2016) dan cuenta de estos resultados contradictorios según los cuales, con el libre intercambio transnacional, se puede llegar a satisfacer las demandas con el excedente de la oferta; sin embargo, esta cosecha exógena es recibida con rechazo e incita a los grupos de interés a adentrarse en sus propios caminos de producción agrícola. Gómez-Trujillo, et al.  (2016) destaca que no necesariamente se busca la misma buena calidad para todos los grupos. Las demandas de unos exigen a otros corregir su modo de producción, así delimitando su poder de decisión.

Y si al proceso de globalización se le agregaran las externalidades del Estado, entenderíamos el fenómeno aún mejor. Tras la Revolución Mexicana, sobrevino una serie de políticas keynesianas de repartición agraria. Un reparto que no buscó ser equitativo, sino eficiente e igualitario, otorgando tierras – el factor de producción – en zonas inhóspitas, donde las barreras de transporte empezaron a formarse. Ochoa y Lorey (1994) aplauden los esfuerzos cardenistas del sistema de irrigación y encuentran, junto con Gómez-Olíver (1995), que en el mediano plazo la agricultura mexicana se expandió. Al llegar la década de los ochenta, la habilidad de la “herramienta singular” empezó a contraerse. La privatización de un sector público, el pago con transferencias mal diseñadas y los levantamientos de campesinos en el sur del país como síntomas de un problema estructural hablan por sí mismos.

Sin embargo, Huacuja (2008) encuentra una deficiencia en este análisis: el abuso del sector privado sobre los productores agrícolas, en el incumplimiento de contratos, y en la búsqueda de mejores accesos y garantías por parte de los campesinos que terminan siendo silenciados. Donde las empresas privadas no tienen muchas opciones de compra, se topan con procesos familiares, de soberanía, que no se acoplan a la calidad que ellos buscan y, por ende, perciben que estas comunidades no venden lo suficiente para propiciar su seguridad. A su vez, Ortega Hernández, León Andrade y Ramírez Valverde (2010) comentan que las políticas neoliberales incrementan las importaciones de alimentos, pues disminuyen la soberanía agrícola y el uso de la tierra de la superficie sembrada y de los rendimientos de este sector para el país por lo que se reducen los ingresos derivados por este en las familias y hogares. Esto sin hablar del derroche de los recursos naturales y de la pérdida de la tierra como factor de producción con lo que se termina limitando las posibilidades de cultivo en el futuro.

Los tratados comerciales – TLCAN, ahora T-MEC – como esfuerzos por la globalización alejan a las comunidades de alguna idea de soberanía de su cultivo, y con políticas neoliberales que favorecen solo a aquellos sectores que se piensa dignos de su ayuda –por ejemplo, el pago de subsidios al cultivo del maíz en lugar de otros plantíos adecuados a la región–, garantizar las necesidades alimentarias de los mexicanos se ha vuelto menos plausible a corto plazo. Huacuja (2008) destaca que, de no implementarse políticas diferentes a las neoliberales, no se podrá incrementar la calidad de los bienes exportados, ni se fortalecerá los mercados agrícolas internos. Concuerdan Ortega Hernández, León Andrade y Ramírez Valverde (2010) con que, de no cambiar el curso actual del Estado en materia agrícola, no se tendrá garantizada la seguridad alimentaria en México.

En efecto, no se puede perder de vista la importancia de la agricultura. Si bien esta ya no es catalizadora del crecimiento económico mexicano, su importancia se retoma en una conversación más importante: la de la vivencia humana con dignidad.

Bibliografía

Fuente de imagen: El Economista (2020).  https://www.eleconomista.com.mx/empresas/Mexico-podria-importar-mano-de-obra-para-sector-agricola-asegura-titular-de-Sader-20201221-0017.html

Almeida Filho, N., y Scholz, V. (2008). Soberanía alimentaria y seguridad alimentaria: ¿Conceptos complementarios? (No. 1349-2016-106728).

Banco Mundial (2008). Informe sobre el desarrollo mundial Agricultura para el desarrollo Panorama General. 

Gómez-Oliver, L. (1995). El papel de la agricultura en el desarrollo de México (No. HC131 G63). Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe.

Gómez-Trujillo, E. A. et al.  (2016). La seguridad y soberanía alimentaria. Revista Iberoamericana de Bioeconomía y Cambio Climático, 2(1), 315-324.

Huacuja, F. E. (2008). Globalización, agroindustrias y agricultura por contrato en México. Geographicalia, (54), 45-60.

Mochi Alemán, P. (2019). La agricultura familiar y la economía social: dos conceptos y prácticas compatibles. Otras economías, otros desarrollos: agricultura familiar y economía social, 19-37.

Ochoa, E. C. y Lorey, D. E. (1994). Estado y agricultura en México: Antecedentes e implicaciones de las reformas salinistas. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco, División de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Sociología. Acceso en: http://hdl.handle.net/11191/2488

Ortega Hernández, A., León Andrade, M., y Ramírez Valverde, B. (2010). Agricultura y crisis en México: treinta años de políticas económicas neoliberales. Ra Ximhai, 6(003).

Urquía-Fernández, N. (2014). La seguridad alimentaria en México. Salud pública de México, 56, 592-598.

Las opiniones aquí vertidas son exclusivas de su autor/autora, y no representan la ideología del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, ni del Consejo Editorial de la Gaceta Económica.

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