Cuando me pesan los tobillos

Los días se construyen y corren a la par del tiempo mismo. Me atormento apropiándome de la presión que, de manera religiosa, me llega cada que veo algo en redes o me escucho en boca de terceros. 

Alex Novia
Estudiante de 5° semestre de la Licenciatura en Derecho

Los días se construyen y corren a la par del tiempo mismo. Me atormento apropiándome de la presión que, de manera religiosa, me llega cada que veo algo en redes o me escucho en boca de terceros. Es un devenir -sinsentido- de sensaciones alarmantes, me duele saberme presionado: solo encuentro refugio en la pasividad de escuchar a las demás personas vivir lo mismo.

Pienso que vivimos cansados y cansándonos. Las modas van cambiando, pero la necesidad imperante y cansina de idealizar nuestra existencia pública y de mostrarnos infranqueables ante los embates de ‘qué dirán’ no cambia. Pensar nuestra vida a través de la de otras personas ahoga nuestra capacidad de poder abrazar nuestra realidad, de visitar aquellos recuerdos con cariño y de vislumbrar un futuro más esperanzador.

La misma presión de nunca vernos mal en Instagram o de sólo poder decir cosas inteligentes en Twitter toma forma de un chiste mal contado. Suena contraintuitivo, pero los espacios más difíciles de habitar son los mismos que nos saturan de ideas relativas a la salud mental que, a pesar de lo humano del trasfondo, hasta llegan a parecer una carga más. ¿No es irónico sentirse presionado por dejar de sentirse presionado?

Hay un mérito enorme en resistir esta presión. La imposición arbitraria de los estándares que nos condenan no es motivante ni para querer combatirla. Acaparar nuestros pensamientos acaba siendo moneda de cambio de quien disponga más interés en retener nuestra atención, pretenden que seamos el último eslabón de una cadena de consumo.

La intrínseca relación entre pretender estar bien siempre y el ser productivos es, por decir lo menos, alienante. Estoy harto de cargar con la presión autoimpuesta de competir con personas que quiero, de verme más feliz en redes sociales y de labrar un camino perfecto, recto y especial en cada etapa de mi desarrollo como persona. Haber cargado con esto por tanto tiempo hace que, cuando el clima no favorece, me duelan los tobillos.

Contemplar está bien, es parte de sentir y de ser; lo efímero de nuestra existencia nos reduce a momentos, pero lo trascendente de nuestros sentires nos expande al todo. 

Créditos de la image: Thomas Tolstrup en Getty Images

Bibliografía

Las opiniones aquí vertidas son exclusivas de su autor/autora, y no representan la ideología del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, ni del Consejo Editorial de la Gaceta Económica.

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