Entrevista: Dualidad entre la asimetría y aporofobia en tiempos de COVID

Dos doctores catedráticos del Tecnológico de Monterrey comparten su perspectiva con la Gaceta Económica para encapsular el impacto económicamente asimétrico de la pandemia y el efecto que podría tener en una sociedad mexicana caracterizada por la aporofobia.

Diego Martínez, estudiante de quinto semestre de economía.

Uno de los grandes problemas del coronavirus es que es global e indiferente. Si bien hay grupos vulnerables que sufren más los síntomas y enfrentan peores tasas de mortalidad (especialmente las personas mayores y aquellas con condiciones respiratorias previas), el peligro de contagiarse del virus al estar en contacto con una persona infectada es hasta cierto punto similar para los diferentes grupos de edad y étnicos (Omori, Matsuyama y Nakata, 2020). Las medidas de distanciamiento tuvieron que ser promovidas de manera masiva, porque la enfermedad prevalece precisamente indistinta a las masas, pues sitúa en riesgo de contagio asintomático o sintomático por igual a quien se expone ante él. Sin embargo, esta igualdad en la vulnerabilidad expresada en términos biológicos no representa la realidad sociológica y económica, pues el impacto del coronavirus, además de generalizado, ha sido asimétrico. 

Los grupos en la parte baja de la distribución del ingreso, particularmente aquellos en condición de pobreza, carecen en mayor medida de la oportunidad de resguardarse de situaciones de contagio y de atención médica en caso de presentar síntomas (Weiner, 2020). En México, la distribución sesgada del coronavirus respecto a la pobreza es preocupante: de los 1408 municipios representados en el visor geoespacial de la pobreza y el COVID publicado por el CONEVAL, 300 pertenecen a la categoría con un rango de pobreza del 60% al 80%, con 76 adicionales en el nivel más alto de pobreza (CONEVAL, 2020). En más de 370 municipios con casos activos la mitad de la población no cuenta con seguro social y en 203 hay por lo menos un 20% de personas sin acceso a servicios médicos. Los estados con mayor actividad económica como Nuevo León, Sonora y la Ciudad de México lideran en tasas de contagio, pero las zonas marginadas del centro y el sur están desproporcionadamente representadas en el mapa del CONEVAL y tienen menor acceso a cuidados médicos. 

Esto propone un reto económico y ético para la sociedad, pues se cruzan dos vertientes estudiadas académicamente por separado pero que comparten al mismo grupo afectado: la asimetría del ingreso y la aporofobia. Para comprender esta dualidad, consulté al Dr. Roberto Durán y a la Dra. Miriam Molinar, del Departamento de Economía y de la Escuela de Humanidades y Educación del ITESM, respectivamente. Sus respuestas a mis preguntas, ligeramente editadas por cuestiones de claridad, siguen a continuación. 

Economía: asimetría del impacto del coronavirus por la distribución del ingreso

El Dr. Roberto Durán es un economista graduado del ITAM, con Maestría de la London School of Economics y Doctorado de la Universidad de Oxford. Tiene más de 20 años de experiencia como economista y consultor financiero, durante los cuales trabajó en el Banco de México y en la Secretaría de Hacienda. En el sector privado, trabajó en McKinsey & Company y actualmente es director en Evercore, donde trabaja en reestructuración de deuda de empresas y gobiernos.  

¿Existe una asimetría en los efectos de la pandemia entre los diferentes niveles de ingreso de la población? ¿Cómo se ve reflejada?

Dr. Roberto Durán: A nivel anecdótico, sí es algo que se puede percibir y se anticipa. En ciertos efectos que ha tenido la pandemia hemos empezado a ver datos asimétricos[…] la realidad es que no tenemos tanta información para decir algo contundente pero ya hay cosas que se van mostrando. 

A nivel sectorial sí queda claro que hay ciertos sectores que fueron claramente perdedores y difícilmente se van a recuperar el próximo año, y ciertos sectores que entraron en boom. Todo el tema de servicios, hospitalidad, restaurantes, comidas, sí sufrió muchísimo. Los datos ya nos muestran que la profundidad de la caída ha sido espectacularmente fuerte en esos sectores. Por otro lado, los obvios ganadores han sido los canales digitales.

En el caso de México, somos un país muy manufacturero, muy industrial, y los efectos fueron muy mixtos. Ahora la manufactura ya se empieza a recuperar, básicamente por el tema del impulso de Estados Unidos, pero definitivamente el sector servicios ha sufrido muchísimo y estos datos ya los puedes ver a nivel agregado y a niveles de empleo. 

El tema de recuperación es muy complejo. Por ejemplo, los peores escenarios dicen que el sector de hospitalidad y turismo puede tardar hasta 4 años en recuperarse, pero es difícil de estimar. Lo que sí podemos inferir es que ciertos sectores que son generadores de empleo en México van a estar afectados. El sector de restaurantes es uno de los grandes empleadores del país y muchas personas han sido afectadas, y no son precisamente la gente que tiene mayores ingresos. 

La otra parte que también ha quedado clara es el impacto sobre la formalidad. El empleo formal ha caído. Una de las válvulas de escape que siempre ha tenido el país, es que cuando las cosas van mal, la informalidad termina repuntando. La evidencia nos dice que la informalidad es menos productiva que el sector formal, por eso anticipamos hacia adelante una caída en los ingresos.

A nivel regional, no sabemos realmente cómo se va a ver la crisis, va a depender mucho de la composición industrial. Probablemente las ciudades industriales del norte que sí hayan podido conectarse hacia las economías de Estados Unidos sufrirán menos que las economías del sur, que dependen más de servicios. 

A nivel de distribución del ingreso, lo más que podemos acercarnos es ver en las cifras del IMSS cómo han cambiado los salarios y niveles de empleo, pero no tendremos una visión clara hasta que empecemos a ver los datos de las nuevas encuestas de ocupación e ingreso gasto de los hogares. Sí hay especialistas que esperan un repunte muy fuerte en la marginación, en el desempleo y en los niveles de pobreza multidimensional, así que hay que estar muy atentos a las cifras del CONEVAL. 

Todo indica que los sectores que más han sufrido son el sector informal, personas que están menos capacitadas y que de por sí están en la parte baja de la distribución del ingreso; a los que mejor les ha ido son los sectores que han podido conectarse a la economía de Estados Unidos y han podido subirse al canal digital, que ya eran sectores que ya les estaba yendo bien. Podemos esperar que los que ya venían afectados, los que iban mal, les va a ir mucho peor; y los que de por sí ya estaban en una parte más o menos positiva son los que se van a poder defender de la crisis.  

Debido a la naturaleza de la economía informal en la que no hay participación fiscal, ¿Cuál podría ser una estrategia para apoyar a quienes sufrieron la contracción por la pandemia? ¿Es viable que suceda mediante el consumo?

RD: Esa es la pregunta en México, si el consumo puede ser el motor del crecimiento. La verdad es que tenemos 30 años en los que el motor ha sido el sector externo y pareciera que va a seguirlo siendo. De hecho, el sector industrial de exportación parece que será la apuesta del gobierno. El que la demanda sea el motor después de la caída la veo muy difícil, yo creo que sí podríamos ver una recuperación del consumo, pero esto sería algo natural dado el nivel en el que cayó. Probablemente en el 2021 veremos una aceleración del consumo, pero no va a ser otra cosa más que una recuperación  del terreno perdido. Muy probablemente no llegaremos a los niveles de consumo pre-COVID simplemente porque tenemos un nivel de ingreso permanentemente menor, así que apostarle al consumo interno sí me parece difícil. 

Algo que venía sucediendo desde antes de la pandemia es que sí se esperaba que con los cambios al sistema de apoyos sociales del nuevo gobierno, la parte baja de la distribución recibiera más ingreso, y eso podría estimular de alguna manera el consumo. Hay ciertos cálculos, por ejemplo, el multiplicador del gasto, que indica cómo se ve cuando lo das a las empresas o haces subsidios y cómo se ve cuando lo das a personas. Cierta evidencia muestra que cuando lo das a personas es cuatro veces mayor, entonces eso podría ser positivo, pero dado el nivel en que caímos, sí es difícil pensar ahorita que la demanda puede ser la respuesta. 

Dado el poco espacio fiscal que tenemos, el sistema de apoyos sociales simplemente es algo que amortigua la caída. Ciertos sectores a los que les llegue la subvención no van a sufrir tanto como lo hubieran hecho sin ella, pero pensar que eso va a ser un estímulo, más allá de recuperar en unos años el nivel pre-COVID, es muy difícil. 

¿Permitirán las condiciones fiscales en las que se encuentra México por la pandemia atender prioritariamente la formalización de la economía?

RD: Yo no estoy tan negativo con el tema de formalización. A final de cuentas el gobierno sí recaudó este año,  y al final sí fortaleció la posición fiscal.  

Te dividiría la pregunta en dos: la informalidad como algo que te afecta los ingresos fiscales del gobierno y la informalidad como un fenómeno que impacto la productividad.

El tema de la informalidad en el primer ámbito tiene dos vertientes: el informal per se que no paga impuestos, que está completamente fuera del radar y jamás ha aparecido; y todo el sistema de elusión fiscal, que está bien documentado que se compone de agentes que son informales dentro de empresas que son formales, ya sea subformales u otra medida de elusión fiscal. Hay evidencia de que el segundo aspecto es el más importante en términos de generación de ingreso fiscal y en eso el gobierno ha hecho muy buen trabajo. Se criticó mucho la posición del SAT y mucha gente está enojada porque está pagando impuestos, pero la recaudación no se paró, lo cual es de reconocerse dada la situación en la que el gobierno pudo haber estado. Eso creo que es un punto de fortaleza que al final influyó en que no nos bajaran la calificación crediticia a pesar de todo el entorno. 

Yo esperaría que muchas de las medidas fiscales que sucedieron este año sean medidas de una sola vez, pues así está reconocido en el presupuesto del 2021. Sin embargo, el hecho de que tengamos un gobierno que está fiscalizando sí es un incentivo para no bajar la guardia y seguir pagando. Debido a esto, resolver el componente de la elusión fiscal el “me escondo, no pago, hago ingeniería para pagar menos” es algo que puede fortalecer los ingresos del país.

Todo el tema de ampliar la base es un tema que es importante, pero la realidad es que ese sector informal pagaría muy pocos impuestos, por ejemplo, aunque el día de mañana se fiscalizara a todos los comerciantes ambulantes, en realidad no tendría en términos fiscales un retorno. Esas personas hay que formalizarlas, no por el impacto fiscal, sino por el hecho de que por ser formales tendrían acceso a cierto tipo de desarrollo institucional que actualmente no tienen e impide su crecimiento. Por ejemplo, el sector financiero: alguien que nunca ha pagado impuestos porque nunca ha aparecido en el sistema jamás va a tener acceso a un crédito, entonces esa es la motivación de hacerlo. Esta es la segunda parte de mi respuesta.

A mí me gustaría un gobierno que como parte de su paquete fiscal y su reforma pudiera reinventar o repensar un programa de formalización, los cuales pasan por las ideas que hemos tenido y que no han funcionado, que pudiera plantear algo que sí atrajera a la gente a la formalidad. 

Un tema muy importante es que hay evidencia de que cuando la gente percibe que hay corrupción no paga impuestos, y esto sucede en todos lados. Entonces, si de alguna manera, en la masa de la población el gobierno logra penetrar un mensaje de que algo cambió y de que por lo menos bajó el nivel de corrupción, sí puede haber un impacto positivo sobre este tema de la base, con consecuencias positivas sobre la economía. Pero, nuevamente, el tema fiscal inmediato se resuelve evitando la elusión fiscal de las empresas formales que ya existen.

¿De qué manera pueden los actores económicos públicos y privados de un país —especialmente uno que enfrenta una contracción del PIB de aproximadamente 10%— responder ante el nuevo flujo de personas que tuvieron que recurrir a las esquinas o a la venta ambulante para subsistir? ¿De qué manera puede hacerse una alianza público-privada de actitud hacia este tema?

RD: Creo que el tema de la actitud y valores es muy importante, pero al final no te va a solucionar las cosas. La única manera de sacar del desempleo a los miles de personas que cayeron en subempleo o condición de informalidad es a través de la generación de más empleo formal y la recuperación de la inversión. 

La caída del PIB ya sucedió, estamos en octubre, lamentablemente ya no hay manera de decir “hubiéramos hecho esto”, es lo que fue. Tratando de ser positivos, el país no se endeudó y eso nos deja mejor en comparación de otras economías que incrementaron sus déficits de manera increíblemente abultada y que van a tener un gran problema en el 2021 tratando de contener esos déficits. Ese es un tema que nosotros no vamos a tener, a costa de que el ajuste no lo llevó el gobierno, sino que lo llevamos las personas y las empresas. Sí hubo un ajuste, pero no lo llevó el gobierno. Podemos discutir horas sobre cuál era la manera óptima, pero no sucedió así. Dado que ya sucedió, lo que podemos saber es que el gobierno no tiene un reto hacia adelante de hacer un ajuste fiscal como lo tienen la mayoría de las economías que van a tener que balancearse y probablemente se tardarán 10 años haciéndolo, ese es un problema que nosotros no tenemos, y en ese sentido, tenemos espacio para poder hacer las cosas bien. 

Yo sí esperaría un gobierno que pueda entrar en alianza con el sector privado en el tema de inversión, especialmente que pudiera apuntalar el tema de inversión en infraestructura. Mucho ojo, no sabemos qué infraestructura será porque en este momento todavía no sabemos cómo van a cambiar las necesidades. 

Para empezar, el tema de inversión en infraestructura digital es un impulso fundamental que el gobierno tendría que hacer el próximo año, por ejemplo, impulsando proyectos como la red compartida, que ya es viable, haciendo llegar internet y temas digitales al último pueblo del país. Ese es un tema que creo que sí puede estar a nuestro alcance. 

Además, es importante un tema de alianza con el sector privado para fortalecer los sistemas de salud, lograr que en el último municipio de México haya una clínica que pueda atender a la gente es algo que tiene un efecto de inversión, que puede tener un impacto sobre la población y un efecto sobre el estímulo. 

Creo que el gran reto es el tema de la educación, ver cómo la vamos a normalizar. Esto se dará probablemente a finales del 2021, después de prácticamente dos años en los que los niños no habrán tenido clases presenciales. Tendremos que ver cómo se va a reinventar la educación en términos de formación y capacidades de trabajo, y para esto necesariamente se va a tener la necesidad de aliarse con el sector privado. 

Obviamente nos preguntamos qué hacer con las personas que quedaron sin empleo, pero desafortunadamente no hay suficiente espacio fiscal para más apoyos, así que al final la única manera de apoyar a esas personas es a través del crecimiento y el impulso del empleo. 

Ética: evolución de la aporofobia en el contexto del COVID-19

En primer lugar, es relevante hacer una definición técnica del término de aporofobia. Este concepto, acuñado por la filósofa española Adela Cortina, representa el rechazo y su inherente hostilidad hacia la gente en condición de pobreza, por cuestiones estigmáticas y de prejuicio. Cortina hace hincapié en la diferencia entre este término y la xenofobia, pues no depende de un contexto racial ni étnico, sino explícitamente de condición económica. El concepto ganó presencia internacional al ser incluido en el diccionario de la RAE y posteriormente haber sido seleccionado como “palabra del año” por la Fundación del Español Urgente en el 2017. Esto se dio después de que en España se hayan comenzado a recopilar oficialmente estadísticas de crímenes de odio contra los pobres y haya tomado un rol protagonista en la plataforma de humanidades y ética. Si bien la recopilación pública es naciente y carece de reportes, el observatorio Hatento reportó una muestra que estima que el 47% de las personas sin hogar ha sufrido un delito de esta naturaleza, con un 20.8% de incidentes violentos (Hatento, 2015). En México no se cuentan con estadísticas específicas para el tema, pero el contexto previamente mencionado de la falta de atención a los grupos en pobreza, además de la crónica desigualdad distributiva, permite una asimilación del concepto para el caso nacional. 

La Dra. Miriam Molinar se graduó de la Universidad de Deusto con Doctorado en Economía y Dirección de Empresas y cursó la especialidad en ética en la Maestría de Estudios Humanísticos en el Tecnológico de Monterrey. Así mismo, realizó una estancia de investigación en Osaka, Japón, con el tema de la mujer en el trabajo, además de un año sabático en la Universidad de Murcia en el Departamento de Filosofía. La Dra. Molinar es coautora de los libros “Liderazgo en la labor docente” y “27 casos para el aula y la formación docente”. 

¿Cómo han cambiado la magnitud y las representaciones de la aporofobia en el contexto de la crisis económica y sanitaria por el COVID-19?

MM: México es un país de desigualdades. La pandemia ha empeorado la situación económica de millones de personas. A diferencia de otras crisis, ha cambiado la manera en que percibimos al otro, lo vemos como una amenaza potencial. Lo anterior nos hace alejarnos y rechazarlo. Desde el punto de vista ético esta situación es muy alarmante pues la base de la ética es el interés, respeto y compromiso por la otra persona.

¿Se puede esperar que las medidas de distanciamiento justificadas por el peligro sanitario tengan como efecto secundario el empeoramiento de la marginalización de grupos en pobreza?’

MM: Sí, definitivamente. La pandemia ha desatado un sentimiento de temor y miedo hacia la otra persona. Uno de sus efectos es el rechazo de la persona que es diferente a mi.

De igual manera, la pobreza quita libertad a las personas, sus opciones son más limitadas y en algunos casos se toman decisiones desesperadas que afectan sus vidas en el largo plazo.

¿Qué acciones o actitudes de las personas en el ámbito del día a día pueden mitigar la discriminación que sufren las personas en pobreza en el nuevo contexto sanitario y económico?

MM: Lo más importante es desarrollar los sentimientos de compasión y empatía. Ser sensible a la vulnerabilidad de las personas y tener consciencia de que esta fragilidad es parte de la condición humana.

¿Existe una responsabilidad del gobierno y de las autoridades económicas de actuar en contra de la aporofobia, particularmente en la situación actual de pandemia, o es algo que estrictamente se debe resolver a nivel social mediante una transformación moral? En caso de que sí exista, ¿cuáles podrían ser unos ejemplos de acciones necesarias y viables?

MM: Existe una responsabilidad por parte del gobierno de mejorar las condiciones de vida de las personas. En el caso específico de la aporofobia o rechazo a las personas en situación de pobreza se debe educar en los sentimientos que lleven a actitudes solidarias. Un buen ejemplo de lo anterior es la campaña de la Cruz Roja Americana, que invita a realizar acciones de esperanza que mejoren la situación de las personas afectadas por la pandemia.

Por otra parte, ha regresado a la mesa de discusión el tema del ingreso básico universal, que asegure a todas las personas un ingreso que permita cubrir sus necesidades básicas. El implementar el ingreso básico universal reforzaría el valor de la solidaridad en nuestra sociedad.

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La humanidad está enfrentando un reto sanitario, económico y ético a nivel global de una magnitud que no se había presentado en generaciones. Además de las amenazas epidemiológicas del COVID-19, entre su arsenal de peligros humanitarios está la exponenciación de los efectos de la asimetría económica y la marginación producto de la aporofobia, pues por condiciones previamente existentes de desigualdad, la brecha distributiva está expandiéndose y las condiciones de la pobreza cobran una nueva dimensión debido a la falta de acceso a servicios médicos y el deterioro de las relaciones sociales. Además de la vacuna, para sobrevivir la pandemia, necesitaremos un plan económico eficiente y exitoso en identificar las estrategias de inversión y estímulo, además de una calidad moral en la sociedad para procurar la sana salida de absolutamente todos sus miembros. 

Crédito de la imagen:<a href=’https://www.freepik.es/vectores/comida’>Vector de Comida creado por pch.vector – www.freepik.es</a>

Referencias:

Las opiniones aquí expresadas son exclusivas de su autor/autora y no representan la ideología del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del mismo, el Departamento de Economía, así como a la Sociedad de Alumnos de Licenciado en Economía.

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