Clodoveo y AMLO

Keynes puede ser la respuesta
Florencio González Alonzo, Estudiante de 3° semestre de Economía.

En el año 496 el rey franco Clodoveo se encontraba a punto de perder la batalla de Tolbiac frente a los Alamanes. Su ejército estaba casi exterminado y la desesperación lo envolvía, cuando de pronto se acordó de esa nueva tendencia religiosa: el Cristianismo, la religión de los galo-romanos. Se arrodilló (al mero estilo de Constantino) y le pidió al único Dios que si le daba la victoria él y su pueblo serían sumergidos en las aguas del bautismo. Acto seguido una flecha atravesó el corazón del rey alamán y su ejército acéfalo huyó en desbandada. La victoria se ciñó sobre Clodoveo.

La propagación de la fe tardó algunas décadas más. Primero se diseminó por las capas pobres de la población franca, teniendo renuencia en los ricos, nobles y terratenientes locales. Pero además del cambio del paradigma pagano, pasó algo muy singular: hubo una expansión monetaria cuando los ex paganos dejaron de enterrar a sus muertos con monedas para Caronte. Ese circulante, al principio poco, empezó a fluir en gran cantidad en medida que los deciles más altos adoptaron la austeridad de la sepultura cristiana en lugar de los sepulcros llenos de oro y plata. 

Algunos pensarían que quizás este nuevo “dinero” provocaría una inflación en los precios. Pero no, al contrario, estimuló la economía y el reino franco creció económicamente y en poder militar, tanto que Clodoveo representó el inicio de la primera dinastía de la Edad Media. ¿Pero por qué no hubo una escalada de precios, como cuando llegó a España el oro azteca? Muy sencillo: la cantidad demandada de dinero para las transacciones era mayor que la cantidad ofrecida, lo que provocaba una escasez que fue suplida en gran medida por el cambio de religión de los pueblos germánicos.

En el contexto de la actual pandemia, hemos visto una tibieza en las medidas anticíclicas del Banco Central mexicano. Si bien no tiene la rudeza dovish de la Reserva Federal, debería de tener dentro de su criterio el estimular la economía para salir más pronto de la recesión que nos trajo el COVID-19. Si bien fue un encuentro de shock de oferta primero seguido de un shock de demanda, deberíamos de considerar la eficacia de Banxico. Además, si a esto le sumamos el miedo del ejecutivo federal de entrar en déficit para tomar medidas keynesianas e invertir en infraestructura, es muy probable que, a diferencia del reinado de Clodoveo, el sexenio de Andrés Manuel López Obrador no sea tan azaroso. La respuesta es una y es Keynes.

Crédito de la imagen: 

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Referencias

Keynes, J. (1936). Teoría General de Ocupación, el Interés y el Dinero

Las opiniones aquí expresadas son exclusivas de su autor/autora y no representan la ideología del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del mismo, el Departamento de Economía, así como a la Sociedad de Alumnos de Licenciado en Economía.

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