México en el espectro de la libertad

Más que una variable binaria, la libertad puede estudiarse como un espectro dentro del cual recibe más atentados contra su ejercicio pleno que en la conceptualización tradicional. En México, dicho espectro da lugar al cuestionamiento de si verdaderamente son libres sus habitantes.
Diego Martínez Sepúlveda
Estudiante de Economía, 5º Semestre

Ante los escrúpulos tradicionales, México parece cumplir con los requisitos para ser descrito como un país libre. A final de cuentas, celebra elecciones democráticas para la Presidencia y el senado cada seis años; el artículo 3° de la Constitución Mexicana estipula que la educación pública debe ser laica y “luchará contra la ignorancia […], las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios” (DOF, 2020, p.5); el trabajo forzoso está prohibido por el Código Penal Federal y es ilegal restringir el derecho de expresión. En la esfera internacional, México participa cooperativamente en distintas organizaciones, notablemente la OCDE, además de que cuenta con trece tratados de libre comercio. En primera instancia, la falta de libertad no parece ser un problema endémico de la sociedad mexicana.

No obstante, al ajustar la definición del concepto de la libertad, la conclusión puede divergir en un sentido más lóbrego para el país. Tomando como base el marco teórico presentado por los autores Daron Acemoğlu y James A. Robinson (2019) en su libro The Narrow Corridor, la definición de la libertad puede extenderse más allá de la teoría tradicional de John Locke, quien la reduce a la capacidad de actuar y disponer de las posesiones personales sin influencia externa. Los autores la desarrollan al incluir la idea de la dominancia, presentada por el filósofo político Philip Pettit, la cual define a una persona dominada como aquella “sujeta a influencia arbitraria: ser sujeto a la voluntad potencialmente caprichosa o al juicio potencialmente idiosincrático de otro” (Pettit, 1999, p.4). Dicha dominancia no es ejercida únicamente mediante la violencia y el abuso explícito, sino que también se materializa a través de la amenaza de los mismos, pues la mera existencia de la posibilidad de verse sujeto a una explotación es capaz de dirigir las acciones de un individuo. De esta forma, se incluye entre las posibles manifestaciones de la falta de libertad la dominancia económica, la cual utiliza tanto la limitación forzosa de los recursos de los individuos como el ejercicio no regulado del poder para arbitrariamente concentrar la riqueza e influir en cuestiones de mercado o posiblemente de gobierno. Por lo tanto, al unir el análisis de Acemoğlu y Robinson con la concepción ideológica de Pettit se obtiene una senda para el desarrollo económico y social del país —así como una fatal contraparte.

Esta dualidad es de interés porque permite establecer una relación entre el desarrollo económico y la mejoría de la calidad de vida de los habitantes de un país, a través de las libertades económicas y sociales con las que cuenta su población. La movilidad social es un factor que podría impulsar el crecimiento económico al habilitar a una mayor parte de la población para trabajar, fomentando de manera implícita un mayor consumo y posiblemente mayor inversión, mientras que en un sentido humanitario representa la oportunidad de salir de condiciones de pobreza para tener acceso a más recursos sanitarios, educativos, laborales e incluso inmobiliarios. Investigadores como Hassler y Rodríguez (2000) han trabajado en la relación entre la movilidad social y el crecimiento económico, llegando a la conclusión fundamental de que están ligados positivamente. Siguiendo esta línea de pensamiento, en México el caso es lamentable: 49 de cada 100 personas que nacen en el último quintil de la distribución del ingreso permanecerán en el mismo de por vida y únicamente 25 personas lograrán salir de la pobreza. Es decir, el hecho de nacer en una familia en el quintil más pobre del país asegura en un 74% de los casos que el individuo también morirá pobre, heredando la condición a sus posibles descendientes (IMCO, 2019). Al restringir la capacidad de las personas de conseguir una mejor calidad de vida mediante variaciones positivas en sus ingresos, efectivamente se está limitando su libertad, pues en primer lugar tienen que enfrentar un sistema que favorece a los ricos (57 de las personas pertenecientes al quintil más alto permanecen en el mismo todas sus vidas) además de que sufren consecuencias políticas por su estado económico. En su reporte ¿Un ascensor social descompuesto? Cómo promover la movilidad social, la OCDE (2018) presentó datos que indican que en 13 de los 24 países estudiados, las personas encuestadas perciben que su posición económica empeoró en los últimos cinco años, menos del 50% cree que su voto tiene valor en las elecciones. Evidentemente, la falta de libertad daña al humano, a la democracia y a la economía.

Este tipo de falta de libertad o dominancia es hereditaria por el fenómeno definido como “suelo pegajoso”, que indica que salir de ciertas condiciones tiene un mayor grado de dificultad simplemente por haber nacido en ellas. En el mismo reporte, la OCDE indicó que el 40% de las personas con padres sin educación de bachillerato tienen menos educación que ellos; y en casi la totalidad de los países, los hijos de padres que realizan trabajo manual terminan haciendo la misma labor en mínimo el 70% de los casos. Entre la amplia lista de los problemas presentados por la OCDE, el de la movilidad educativa resuena profundamente en el sistema mexicano. De acuerdo al Banco Mundial (2018), México está apenas en el segundo cuartil en cuanto a movilidad educativa relativa, lo que indica que más de la mitad de los países del mundo ofrecen a sus jóvenes mejores oportunidades de obtener un grado de educación mayor al de sus padres. Al bajar en la escalera educativa, el panorama es todavía peor: 6.9% de la población es analfabeta, el grado promedio de escolaridad no llega al bachillerato y el país tiene el segundo peor lugar de los miembros de la OCDE en cuestión de lectura (Poy, 2019). Primordialmente, resalta el hecho de que más del 90% de la matrícula en primaria del país es atendida por el sistema público (en secundaria el número es mayor a 86.4%), pero esta magnitud en participación no es respaldada con fondos, pues México es el país que menos dinero gasta por alumno de la OCDE, al invertir aproximadamente 4,000 dólares en la vida académica de cada estudiante, mientras que en promedio los miembros de dicha organización invierten alrededor de 10,522 dólares. En este sentido, recibe sustento la narrativa de que un mexicano que nace pobre tiene que luchar contra los efectos inherentes a su estado económico por su cuenta y al mismo tiempo enfrentar condiciones estructurales de gasto público y de los mercados educativo y laboral que limitan su libertad de moverse socialmente a una mejor condición de vida. 

Para el lector promedio interesado en la sociedad mexicana, estos datos por sí solos son una causa grave de preocupación, pero con el mismo propósito que en el caso de la movilidad social, se puede estudiar la materia de la educación mexicana de forma relacionada a la economía, ofreciendo resultados de la misma naturaleza negativa. La cantidad de estudios que relacionan la educación con el nivel de ingresos es basta, y aunque pueden ofrecer diferentes resultados en cuanto a la magnitud de dicha correlación por factores contextuales, coinciden entre sí en que esta es positiva. En la investigación de Barceinas (1999) para el caso mexicano, se encontró que terminar una carrera universitaria aumenta los ingresos promedio en un 56% sobre el caso de solamente iniciarla, y se puede hacer un análisis espejo en los primeros grados educativos: terminar la primaria, secundaria y el bachillerato aumentan respectivamente el ingreso del individuo en 32%, 23% y 36%. Además, la educación también muestra una correlación positiva con variables como la salud y la empleabilidad, mientras que interactúa negativamente con la probabilidad de cometer un crimen o de embarazarse a edad temprana (The Economist, 2020). En este sentido, incluso si el sistema educativo per se no ejerce violencia ni abuso sobre los estudiantes (o en su defecto, desertores), sí es una fuente de dominancia que eventualmente lleva a un limitado desarrollo humano y por ende a un restringido ejercicio de la libertad. El panorama internacional refleja que una de las normas entre los países desarrollados es una educación buena en calidad y alcance poblacional, por lo que es un resultado a imitar para permitir el crecimiento económico y humanitario del país.

Naturalmente, el análisis de la libertad y de los factores que influyen en el desarrollo económico es mucho más profundo y debe estudiarse con especial atención a una considerable lista de variables, datos y modelos. Sin embargo, por más que los datos presentados en cuestión de movilidad social y educativa sean básicos, a su vez son reveladores porque permiten observar de forma transparente el opuesto a la dualidad de crecimiento económico y desarrollo humano propuesta por Acemoğlu y Robinson: el estancamiento y la desigualdad. El hecho de que México viva rezagado en el espectro de la libertad en cuestiones de pobreza y educación sucede a expensas del individuo que sufre las consecuencias, de su descendencia que probablemente vivirá las mismas por el suelo pegajoso y del país entero que no puede crecer por tener condiciones laborales injustas, con poca movilidad social e ingresos desproporcionadamente bajos, afectando así tanto al producto agregado como al componente intrínseco del mismo —la gente mexicana.

Fuentes:

Crédito de la imagen: https://pixabay.com/es/photos/ferrocarril-plataforma-mente-brecha-1758208/

Acemoğlu, D. y Robinson, J. (2019) The Narrow Corridor: States, Societies and the Fate of Liberty. New York: Penguin Press

Banco Mundial (2018) Fair Progress? Economic Mobility across Generations around the World, Washington, dc: Banco Mundial.

Barceinas, F. (1999) Función de ingresos y rendimiento de la educación en México. Estudios Económicos, 14 (1), p. 87-127. Recuperado de:  https://0-www-jstor-org.biblioteca-ils.tec.mx/stable/40311420?seq=1#metadata_info_tab_contents

Diario Oficial de la Federación (2020) Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Recuperado de: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/1_080520.pdf

Hassler, J., y J. V. Rodríguez (2000) Intelligence, Social Mobility, and Growth. American Economic Review, 90(4): p. 888-908. Recuperado de: http://hassler-j.iies.su.se/PAPERS/AER00.pdf

IMCO (2019) Informe de Movilidad en México Vía CEEY. Recuperado de: https://imco.org.mx/informe-movilidad-social-mexico-2019-via-ceey/

OECD (2018), A Broken Social Elevator? How to Promote Social Mobility, OECD Publishing, Paris, https://doi.org/10.1787/9789264301085-en.

Poy, L. (2019) PISA 2018: México, penúltimo país de la OCDE en nivel de lectura. Recuperado de: https://www.jornada.com.mx/2019/12/03/sociedad/034n1soc

Pettit, P. (1999) Republicanism: A Theory of Freedom and Government. New York: Oxford University PressThe Economist (2020) Closing schools for covid does lifelong harm and widens inequality. Recuperado de: https://www.economist.com/international/2020/04/30/closing-schools-for-covid-19-does-lifelong-harm-and-widens-inequality

Las opiniones aquí expresadas son exclusivas de su autor/autora y no representan la ideología del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del mismo, el Departamento de Economía, así como a la Sociedad de Alumnos de Licenciado en Economía.

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