La falacia del mérito

¿Qué hace creer a algunas personas que una situación económica desfavorable es únicamente fruto de la falta de esfuerzo? ¿Qué hace pensar a algunos que la pobreza es una elección?

Por Alejandro Márquez Estudiante de 6º semestre de Economía

El origen de todo individuo es azaroso. Uno no tiene voz ni voto sobre su nacionalidad, sobre el grado de estudio de sus padres o sobre el contexto socioeconómico en el que nacerá. Nacemos en circunstancias que no podemos controlar, pero que nos condicionan. Partiendo de esta base, ¿qué hace creer a algunas personas que una situación económica desfavorable es únicamente fruto de la falta de esfuerzo? ¿Qué hace pensar a algunos que la pobreza es una elección? 

El término meritocracia hace referencia a la repartición de recompensas basada en el talento y esfuerzo individual. En ciertos segmentos de la población mexicana radica la idea de que el organigrama social del país está definido por un sistema meritocrático. Por su parte, existen también distintas concepciones sobre la naturaleza de la pobreza. El sociólogo Joe Feagin (1972) las define en estas tres vertientes: los individualistas, aquellos que piensan que la pobreza es determinada a partir de atributos personales, los fatalistas, quienes piensan que la pobreza es natural y no puede ser erradicada y los estructuralistas, que piensan que la pobreza es una problemática institucional que puede ser aminorada. La percepción individualista de la pobreza está alineada con la idea de una sociedad meritocrática. En ambas, la situación económica de una persona está fundamentalmente determinada por sus destrezas, aptitudes y capacidades. La premisa cardinal de ambos pensamientos es que el pobre es pobre porque es flojo o incapaz y el rico es rico porque se esfuerza o es talentoso. 

México se describe a través de la desigualdad de oportunidades. La historia del país, como la de muchos otros, ha desembocado en una serie de arraigados problemas que interfieren con el bienestar y el desarrollo de las y los mexicanos. Gran parte de la población carece de servicios básicos, de acceso a la educación y de plataformas sostenibles que los ayuden a trepar escalones socioeconómicos. Pensar que aquellos individuos que acumulan la mayor parte de la riqueza del país consiguieron llegar a donde están únicamente con base en su esfuerzo es una equivocación. El Informe de Movilidad Social en México de 2019 realizado por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias exhibe que, si se imagina a la composición social del país como una escalera en la que en la parte más alta se encuentran los individuos con mayor riqueza y en la más baja el extremo opuesto, 74 de cada 100 mexicanos que nacen en la parte más baja de la escalera no logran superar la condición de pobreza. Asimismo, se expone una clara permanencia de la riqueza entre generaciones, ya que 54 de cada 100 hijos de padres que habitan en el escalón más alto permanecen ahí el resto de su vida. Lo anterior demuestra que los extremos de la escalera tienden a ser estáticos. En México, no logra una situación económica favorable aquel que se esfuerza, sino aquel que empieza desde el inicio con cierta ventaja. Por otro lado, Monroy-Gómez-Franco y Corak (2019) explican que, a nivel nacional, la desigualdad de oportunidades contribuye, en promedio, en un 48% a la desigualdad económica. Esto quiere decir que, en casi la mitad de los casos, la desigualdad económica es explicada por un suelo de arranque disparejo. 

Es indispensable que en la sociedad mexicana se propague la perspectiva estructuralista. Que se le otorgue el peso que se merece a la desigualdad de oportunidades, que se comprenda que los casos de individuos que escapan de la pobreza son las excepciones y, sobre todo, que se reconozca el contexto de privilegio en el que uno ha nacido. No es únicamente el mérito el que define el porvenir, sino también el punto de partida. La familia, la región, la salud y un sinfín más de factores inciden directamente en el resultado final.  

Los pensamientos colectivos transforman sociedades. Las conducen, las moldean y determinan qué le deparará a sus individuos. Para aminorar la pobreza es necesario que se posea una perspectiva clara y concisa de los motivos por los cuáles la gente se encuentra en ella y, sobre todo, los motivos por los cuáles no puede salir de ahí. Una vez que la conciencia sobre la desigualdad de oportunidades predomine en el imaginario colectivo, el camino para que se tomen mejores decisiones y se implementen políticas públicas adecuadas estará pavimentado. 

Referencias

  • Espinosa, R., Fonseca, C., Orozco, M. y Vélez, R. (2019) Informe de Movilidad Social en México 2019. CEEY, Centro de Estudios Espinosa Yglesias. Disponible en: https://ceey.org.mx/informe-de-movilidad-social-mexico-2019/
  • Feagin, J. (1972). “Poverty: We still believe that god helps those who help themselves”. Psychology Today, Vol. 6, pp. 101-129.
  • Monroy-Gómez-Franco, L. y Corak, M. (2019) A Land of Unequal Chances: Social Mobility and Inequality of Opportunity across Mexican Regions. Documento de trabajo CEEY, Centro de Estudios Espinosa Yglesias, México.
  • UNAM (2015) Los mexicanos vistos por sí mismos: Los grandes temas nacionales. Universidad Nacional Autónoma de México. Disponible en: http://www.losmexicanos.unam.mx/pobreza/index.html

Las opiniones aquí expresadas son exclusivas de su autor/autora y no representan la ideología del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del mismo, el Departamento de Economía, así como a la Sociedad de Alumnos de Licenciado en Economía.

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